La cocina de Walmara, mucho más que alimento

En Walmara no hay luz, ni agua corriente, ni motos, ni coches, pero sí muchos niños. En esta localidad de Etiopía, situada en la región de Oromía, al norte del capital del país, las condiciones de vida son especialmente duras para los más pequeños.  Bihanu, Bachu, Mesthu o Kuma son algunos de los niños etíopes beneficiarios de “La cocina de Walmara”, uno de los proyectos de cooperación internacional que han sido distinguidos en la cuarta edición de los Premios al Voluntariado Universitario impulsados por la Fundación Mutua Madrileña.

Esta iniciativa, promovida por estudiantes de varias universidades españolas en colaboración con la ONG Abay Etiopía, trata de introducir mejoras en la cocina del único colegio de la zona (iniciativa también de la ONG), y proporcionar un desayuno y una comida a alumnos de entre 3 y 7 años de edad, para muchos, la única comida que hacen al día.  Abay Etiopía, que nace de la concienciación de padres adoptantes y personas interesadas en el desarrollo del país, trabaja intensamente para erradicar la pobreza y promover la igualdad de oportunidades mediante el desarrollo de proyectos educativos y sanitarios en apoyo a la comunidad.

“Desde hace cuatro años tenemos un comedor escolar en nuestro colegio de Walmara, pero necesitábamos mejorar la cocina con una encimera, hornos de leña y una campana extractora. Gracias a la ayuda de la Fundación Mutua Madrileña daremos de comer a más de 150 niños y ofreceremos 400 meriendas y desayunos diarios. Podremos así satisfacer las necesidades nutricionales de nuestros alumnos de infantil, así como las de los chavales que vienen a las escuelas deportivas y los niños pastores que estudian en horario nocturno y que caminan más de 2 horas para poder llegar al colegio”, cuenta Beatriz González, responsable y coordinadora del proyecto. Desde Málaga, pero con el corazón en Walmara, esta estudiante vocacional de segundo año de Grado de Trabajo Social y madre de una niña de origen etíope, es también la coordinadora de un pequeño taller de costura en Walmara, donde confeccionan muñecas y pelotas de tela para los más pequeños del colegio. “Son niños que nunca han tenido un juguete en sus manos, ¡imagínate sus caras!”, relata Beatriz. “En nuestras aulas canguro tenemos 130 niños de entre tres y siete años y cada uno es especial. Es increíble ver cómo crecen y cómo evolucionan”, relata emocionada. Además, “muchos de ellos son niños con síndrome de Down y otras deficiencias mentales, por lo que hemos puesto en marcha una nueva aula en el colegio de atención especial, que estará terminada en un par de meses”, prosigue.

Ya ha comenzado la reforma de la nueva cocina y, mientras, Abay sigue ampliando horizontes. Beatriz, junto a otros voluntarios universitarios como Sara, Anne, Unai, Adrián, Cristian, Javier, Alexandra, Lucas y otros miembros de la ONG como Iñaki y Uzube, entre otros, sueñan ahora con construir un nuevo colegio para el pueblo, para niños de entre 7 y 14 años que no tienen ninguna posibilidad de estudiar. “Cuando terminemos la reforma de la cocina y el comedor, y se construya el aula de apoyo educativo y un gallinero, que nos permita tener huevos cada semana para los niños, confiamos en lograr financiación y apoyo para poner en marcha el nuevo cole”. Abay es una rueda que no para de girar. “Es muy emocionante saber que nuestros niños tienen un futuro mejor gracias a Abay y a la generosidad de miles de personas”, añade Beatriz.

 

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