‘Malala’ vela por la infancia de los hijos de las reclusas

SALIDA FIN DE SEMANAVivir en la cárcel es una experiencia traumática. Luis González conoce a muchas mujeres y niños que padecen uno de los castigos más severos que puede sufrir un ser humano: la privación de la libertad. Luis colabora con la ONG AMPARA  (Asociación madrileña para la ayuda del recluso abandonado), en el proyecto ‘Malala’, que consiguió el premio como finalista en la pasada edición de los .

Socialmente, el tratar con reclusos, a priori, produce cierto rechazo porque puede parecer peligroso. Por tanto, ¿qué anima a un joven a colaborar en un centro penitenciario? “En mi colegio era obligatorio el voluntariado en 1º de bachillerato. Vi este proyecto, me informé y me pareció que tenía un gran potencial –relata Luis–  Empecé con 17 años, y me ha gustado tanto y siento que hay tanto que aportar que aún sigo involucrado después de nueve años. Fuimos alrededor de doce compañeros los que nos animamos a participar en esta iniciativa y todos lo vimos como una gran oportunidad”.

Después de tantos años, es inevitable preguntar a Luis sobre cuál es la situación de las reclusas con las que colaboran. “La mayoría están internas por delitos de tráfico de drogas. Tienen una falta de madurez, que es precisamente lo que las trae aquí. Es una carencia que trasladan a los niños y lo debemos evitar. Por eso, trabajamos en un doble sentido: cuidar la infancia de los niños y formar y reeducar a las madres. Si no hacemos esta tarea con ellas, todo el trabajo con los hijos se pierde. La parte positiva de este doble esfuerzo es que el trabajo que hacemos con las madres se multiplica por diez cuando ellas mismas lo transmiten a sus hijos”.

¿Qué actividades hacéis con los niños?

Todos los días salen al aire libre. Se realizan actividades sencillas y comunes, como ir al parque o a la piscina, pero que para ellos no son tan habituales como para el resto. Algo tan simple como tocar la barba de un adulto les parece sorprendente porque, desafortunadamente, hay pocos chicos voluntarios y la figura masculina les resulta llamativa. Así que, por ejemplo, hay que hacer un esfuerzo para que estén en contacto con personas de sexo masculino. Con las madres, realizamos actividades en paralelo, como talleres de cocina o manualidades. En conjunto sólo hacemos el campamento de verano, que es algo que las madres aprecian y valoran mucho más que los críos, porque recuperan esa sensación de libertad y esperanza; se les nota mucho más alegres.

Con respecto al premio recibido, ¿cómo os ayuda en vuestro proyecto?

Es fundamental para llevar a cabo las actividades. Especialmente el campamento de verano necesita un soporte económico y este premio es un respaldo importantísimo para poder llevarlo a cabo. Muchas actividades requieren financiación, y premios como estos son esenciales para apoyar las labores de voluntariado.

¿Animarías a los universitarios a presentarse a esta nueva edición?

Por supuesto. Y ya no sólo a presentarse, sino a que se hagan voluntarios. Es parte de la formación como persona, porque te saca de tu burbuja y te ayuda a involucrarte con proyectos sociales, así como a comprometerte con causas que son necesarias y que necesitan colaboración. A los voluntarios, les diría que no lo duden: que se presenten, porque si creen en su proyecto, sólo tienen que mantener la ilusión y presentarlo como mejor puedan, porque cualquier vía de financiación es buena y hay que optar a todas las oportunidades. Si uno cree, siempre llega la recompensa.

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