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Solidaridad sin coste

Existen muchas formas de solidaridad y de voluntariado. Si eres de los que piensa que con una pequeña acción puedes cambiar las cosas, pero no tienes mucho presupuesto, aquí te ayudamos a ser solidario sin gastar dinero. Tan sólo tienes que mostrar cierta sensibilidad hacia las causas sociales y tener tiempo y ganas de dedicarte a los demás.

Puedes promover un proyecto o causa social con un solo click o simplemente reenviando un WhatsApp. En este sentido, las redes sociales son, hoy en día, de gran ayuda en la difusión de campañas solidarias. Un ejemplo claro fue la campaña solidaria  #MedulaParaMateo, que supuso una auténtica revolución de solidaridad en las redes sociales. Con un gesto sencillo como publicar en tu muro de Facebook, twittear o cambiar tu foto de perfil estarás contribuyendo a una buena causa.

También puedes donar objetos materiales como ropa, comida o juguetes que ya no utilizas a otras personas que necesitan bienes de primera necesidad y que carecen de recursos para acceder a ellos. En el caso concreto de la ropa, algunas ONG como Cruz Roja y Cáritas, entre otras muchas, se encargan de que la ropa que donamos llegue a los que más lo necesitan. En lo que alimentación se refiere, la Federación Española de Bancos de Alimentos (FESBAL) promueve campañas como la Operación KILO, que permite al Banco de Alimentos obtener alimentos no perecederos, fomentar la solidaridad y concienciar a la sociedad sobre el problema del hambre que existe en nuestro entorno. Para ello, realiza campañas especiales en supermercados, en eventos solidarios, centros educativos o empresas y recoge alimentos en cualquiera de sus 54 bancos repartidos por la geografía española. Además, una vez al año organiza la Gran Recogida de Alimentos que su última edición consiguió reunir 22.000 toneladas y contó con la colaboración de 29.000 voluntarios. Otras organizaciones, como Cáritas, recogen muebles, electrodomésticos o enseres en buen estado.

Y si tu debilidad son los niños, existen muchas organizaciones que llevan a cabo recogida de juguetes, peluches, bicicletas o material escolar y no sólo en fechas señaladas como en Navidad o Reyes. Bicicletas sin fronteras repara bicicletas que aportan los donantes y las envía a países como Senegal para que los niños puedan ir a clase y no tengan que caminar durante horas para poder ir al colegio.  Juegaterapia, hace acopio de consolas, videojuegos y mandos para que los niños enfermos de cáncer tengan una estancia más llevadera en los hospitales. Juguetesolidario.org colabora con asociaciones locales y envía a hospitales, colegios o asociaciones de padres los juguetes que recoge. Por su parte, la Asociación Ningún Niño Sin Sonrisa, por su parte, organiza mercadillos y otras actividades infantiles durante el año para recoger juguetes, peluches y cuentos nuevos o de segunda mano.

Y, por supuesto, siempre podrás apuntarte al voluntariado y donar tu tiempo, las alternativas son infinitas en tu barrio, en tu ciudad, en España y en otros países. La solidaridad está al alcance de todos.

Elena Alfaro: “Debería ser natural que nos preocupáramos unos de otros. Mañana puedes ser tú”

Elena Alfaro es la ganadora del concurso de posts solidarios que, con motivo de los Premios al Voluntariado Universitario, organizó la Fundación Mutua Madrileña. Su texto fue el elegido por el jurado y Elena repartirá los 2.000 euros del premio entre dos ONG que lleva muy dentro: Cáritas y Ayuda en Acción. Cuando se conoce a Elena Alfaro, no resulta extraño que su artículo cautivara al jurado, pues venía de alguien que vive la solidaridad con el placer de quien siente que no se puede ser más feliz que ayudando a otros. “No digas que soy muy buena”, nos dice. Y lo cierto es que de Elena no hay mucho que decir, porque ella sola ‘se desarma’ en cuanto te mira o cuando abre la boca.

Como su vocación solidaria es constante, merece la pena que recordemos que Elena Alfaro inició una campaña en change.org para promover un mejor uso de los libros de texto que provocó un aluvión de adhesiones. Más de 300.000 personas secundaron la idea de Elena de que los libros de texto tengan precios más justos, y gracias a ese impulso se aprobó una ley que mejora la situación y establecerá sistemas de préstamo gratuito de libros de texto en todos los centros públicos y concertados.

Con este torrente de energía positiva que es Elena, charlamos sobre su premio bloguero y sobre solidaridad una mañana soleada de octubre por Madrid.

 

 -¿Qué has sentido con el premio?

Una emoción enorme, porque era algo que me gustó muchísimo escribirlo, pero no tenía ni la menor esperanza. Ha sido muy divertido escribirlo, porque es una gozada: Tú no haces nada realmente; unos señores ponen el dinero, otros ponen el trabajo y tú estás ahí haciendo algo que te divierte y de repente te conviertes en una persona que entrega algo bueno a gente buena. Es doble premio. ‘Superfeliz’… me emocioné mucho.

El bloguero ganador del concurso solidario –en este caso, bloguera- recibe el reconocimiento del premio y elige a qué ONG dona los 2.000 euros.

 

– ¿Por qué lo vas a dedicar a Cáritas y Ayuda en Acción?

Soy de Ayuda en Acción desde hace la torta de años. Desde que empecé a trabajar y a ganar dinero hice una aportación mensual. Lo que están haciendo con los niños y las escuelas, las becas de comedor, las mochilas…yo soy especialmente sensible a esas cosas y me gusta. En cuanto a Cáritas, trabaja mucho en España y Ayuda en Acción ahora se ha centrado en España porque por desgracia hace falta, pero sigue trabajando fuera y hace cosas maravillosas fuera. Entonces, como tenía el corazón dividido, si se puede repartir entre las dos ONG, así ambas harán más…

 

-En Cáritas, también tienes antecedentes familiares…

Mi madre era de Cáritas, yo creo que desde que hizo la Primera Comunión, y yo empecé por ahí el voluntariado. No es que yo haya hecho mucho voluntariado, pero mi primera experiencia de voluntariado fue en Cáritas. Precisamente lo que escribí en el post fue mi primera experiencia de hace 20 años o así. Me parecía que a pesar de que lo valgan, hacen una labor impresionante. Me acuerdo que cuando llegué la primera vez, me encontré con una señora italiana, así rubia y muy alta ella y le pregunté:

¿En qué puedo contribuir?

Y me dijo: “tú te vienes conmigo al sida”

Y le dije: “mira no, uno tiene que saber para lo que sirve”.

“¡Tú con niños, como todos!”;

Y yo: “¡no, ponme con viejos, que me caen muy bien. Me parece gente muy interesante y muy divertida!”

Y así empecé a acompañar a personas que estaban solas o al cuidado de un solo familiar; y claro, en ese momento no había ley de dependencia, no había nada. Esas personas estaban muy solas y los cuidadores tenían una vida muy difícil porque no podían moverse de su lado. Allí aprendí muchísimo. Llegas tú toda ingenua y feliz, pensado que vas a arreglar el mundo y te encuentras con que a veces arreglar el mundo simplemente es hacer compañía a una persona que lo necesita. Ahí te dan una cura de humildad que está muy bien.

 

-Y la historia que cuentas en el post, ¿es real no?

Sí, ¡es genial! ¿A que sí? Es que me acordé y dije: ¿sobre qué escribo? Entonces, me vino a la cabeza porque en su momento a mí me parecía un poco mágico el que una persona en los últimos años de su vida, después de tener una vida personal no muy feliz en el tema amoroso y en el tema de los afectos, de repente, lo que la vida parece que ya te da el último palo. Te quedas sola, te vas a vivir a una residencia. Qué pena, qué tristeza, qué tal… ¡Pues no! Esa persona en esa residencia, además enseguida conoce a otra que es ciego como ella, que se ha quedado ciega, pero no sabe ser ciega porque se quedó ciega muy mayor. A pesar de que la ONCE le dio cursos y demás, nunca fue capaz de aprender a valerse. De repente, conoce a este hombre que le dice: yo te voy a enseñar en la residencia lo que hacemos y te acompaño y así te voy guiando. Y se enamoran. ¡Me pareció tan bonito, era precioso!. ¡Era como una copla! –dice Elena excitada- Yo no me lo podía creer…

 

-¿Qué te parece que desde el mundo de las empresas haya este afán de promover iniciativas solidarias, como hace la Fundación Mutua Madrileña?

Me ha parecido una idea preciosa. Agradezco muchísimo a la Fundación Mutua Madrileña que hiciera este concurso de posts. Tiene mucho valor tomar esta iniciativa porque creo que es necesario que las empresas se impliquen en la sociedad. Es ejemplarizante y es precioso que el premio lo reciban estas ONG estupendas que están haciendo un trabajo… vamos de chapeau. Si encima haces participar a un tercero que tiene ganas de colaborar y que puede tener esa suerte de intervenir en ese intercambio y ayudar a unos a través de otros, es una idea preciosa. Me entusiasmé cuando lo leí, creía que no me iba a dar tiempo porque casi lo pillé al final del plazo, pero me quedé por la noche trabajando. Dije: Yo quiero intentarlo aunque sea. Enhorabuena y gracias por hacerlo.

La empresa tiene un motivo para devolver a la sociedad parte de lo que recibe más allá de lo que es generar riqueza. Y la gente aprecia la implicación de una empresa en lo que está pasando en una sociedad, sobre todo cuando son cosas tan malas como las que están ocurriendo. Yo creo que hace que todo el mundo aporte su granito de arena. Me alegro mucho de que lo hayáis hecho.

 

-La Fundación Mutua Madrileña ha hecho un concurso de posts en el que tú has participado y ha hecho otro concurso, que es el principal, el de los Premios al Voluntariado Universitario. Con él se persigue que grupos de jóvenes aporten sus proyectos con diversas acciones solidarias. ¿Qué te parece que se estimule a los jóvenes?

Es fundamental porque fíjate, yo en el post cito un estudio que dice que con los números, los jóvenes son impredecibles en temas de cooperación y las personas mayores son muy buena gente. Es decir, parece que a medida que uno evoluciona en su vida, va entendiendo lo que es realmente importante y acaba siendo sabio, ¿no? Sabio en las cosas que importan. Entonces, esa mezcla que es lo que yo también quería reflejar en mi post, esa mezcla entre las dos generaciones de decir: lo que tú todavía no sabes lo puedes aprender de otras personas, de su experiencia vital… Me parece fundamental, porque los jóvenes tienen la energía, la imaginación, la creatividad. Las personas mayores tiene la templanza y la perspectiva que dan los años.

Entonces, animar a los jóvenes a que usen esa creatividad y esas herramientas mientras que su juventud les da en pensar nuevas formas de que las personas sean un poco más felices y menos desgraciadas es maravilloso, es absolutamente maravilloso. Creo que les va a enriquecer muchísimo, van a conocer a gente buenísima y aunque solo sea eso, el mundo de repente es así y hace uooooooooo – Elena abre los brazos todo lo que puede- y se vuelve enorme. Aunque sólo fuera por eso hay que intentarlo.

 

– ¿De dónde te nació la solidaridad? ¿Por qué empezaste?

Mi madre, supongo. Yo vengo de una familia muy grande (somos 15 hermanos) y estoy acostumbrada a compartir absolutamente todo y a heredar absolutamente todo y nunca me ha parecido que me faltase nada. Y mi madre ha tenido tiempo siempre para ayudar a alguien que lo necesitase, siempre. Es más, la cosa más importante que mi madre me ha enseñado es: “no juzgues. Si te tienen que engañar que te engañen pero no juzgues porque nunca sabes a quién tienes al otro lado y cuál es su desesperación”.

Ella lo pasaba tan mal cuando veía a alguien que estaba… Se ponía en la situación. Al tener tantos hijos, la vida para ellos no ha sido fácil. Afortunadamente, soy de las pequeñas y nunca me he enterado, nunca me ha faltado de nada, nunca he echado en falta nada. Ahora que soy madre pienso en las preocupaciones que tenía mi madre y entiendo que las debió de pasar… y gordas. Mi madre siempre se ha preocupado además de todo eso, tenía un hueco diario para preocuparse por los demás. Siempre. Tenía, como ella los llamaba, nietos postizos, que ella en Cáritas trataba por algún motivo o se relacionaba con sus padres y los niños la decían: ¿quieres ser mi abuela? Y claro, mi madre se ponía así de grande. Pues, ¡cómo no iba a querer ser su agüela! Como decía ella….

Supongo que eso cuando lo ves, lo imitas. Mis hijas lo imitan también. Me hace gracia porque vamos en el Metro y siempre que hay un músico hacen así directamente y me ponen la mano. Y ya digo: cariño, que no tengo más monedas o no llevo. ¡Yo te las doy de mi hucha!

Pues está bien. Yo creo que esas conductas se aprenden y se imitan. Cuando te quieres dar cuenta, te parece natural y eso es fenomenal porque es que debería ser natural que nos preocupáramos unos de otros. Mañana puedes ser tú. Además, es que es verdad. Yo creo que esta crisis nos tiene que haber enseñado eso: nadie está a salvo, nadie está a salvo de necesitar a los demás. Es muy satisfactorio cuando consigues que alguien que lo está pasando mal tenga aunque sea una pequeñita alegría, pues sabe a gloria. Recibes tú mas que lo que das. Por eso se repite, porque te da felicidad.

La madre de Elena Alfaro murió hace un par de semanas, serena, muy feliz y rodeada del profundo cariño y la gigantesca admiración de los suyos. Y de los que no eran biológicamente suyos pero también lo eran. Por eso, en Carabanchel, un barrio humilde de Madrid, la oficina de Cáritas cerró el día del entierro de doña Pilar. Y un transeúnte que pasaba por ahí y vio el cartel del cierre temporal, preguntó: ¿Quién era esa tal doña Pilar? Y un vecino cualquiera que lo oyó, le dijo: “La persona que más hizo por este barrio. Era la persona más buena que conocí jamás”.

Pilar se fue, pero ha dejado un legado inmenso y unos hijos y nietos que, como Elena, seguirán contaminando al mundo con su solidaridad.