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Refugiados pero no olvidados

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El último ataque con armas químicas al pueblo sirio ha vuelto a centrar nuestra atención en los refugiados y en este país que sigue atormentado por la guerra. Tras seis largos años de enfrentamientos, las cifras del conflicto bélico son sobrecogedoras: entre 320.000 y 450.000 personas han muerto, 1,5 millones han resultado heridas, el 50% de las infraestructuras del país han sido destruidas y al menos cinco millones de sirios se han visto obligados a huir del país mientras que entre seis y ocho millones de ciudadanos han abandonado sus hogares y se han desplazado a otras zonas “más seguras” de Siria.  Es el resultado de una guerra que se libra a menos de 5.000 kilómetros de nuestras fronteras y que parece no tener fin.

Con el fin  de hacer llegar ayuda humanitaria, ONG internacionales con sede en España, como UNICEFSave The Children, Médicos del Mundo y Médicos sin fronteras, Cruz Roja Española, Oxfam Intermon España y ACNUR, atienden a las personas desplazadas en las zonas de conflicto y en los campos de refugiados. Asimismo, entidades españolas como la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR), Red Acoge , Olvidados o Diversidades prestan apoyo a los refugiados en zonas de conflicto, así como en los distintos países de asilo o en España. Cada una de estas organizaciones trabaja por garantizar el derecho al asilo, así como la protección a las personas refugiadas. Y para lograrlo, necesitan el incondicional apoyo de los voluntarios, que pueden ayudar tanto de forma virtual, como presencial, en diferentes áreas de trabajo de las distintas organizaciones, entre los que destacan los campos de refugiados Grecia, Italia y Turquía, además de Siria.

Desde la Fundación Mutua Madrileña nos complace constatar que los jóvenes universitarios españoles están comprometidos con su tiempo y con las causas sociales. Así, cerca de una decena de los proyectos que han concurrido a la última edición de los Premios al Voluntariado Universitario tratan de ofrecer nuevas oportunidades a los desplazados y refugiados procedentes de distintos países. Todas ellas, grandes iniciativas que demuestran que es posible cambiar la vida de estas personas que se encuentran en una extrema situación de vulnerabilidad.

 

“Elige vida”- Chagua Maisha

En el Barrio de Born City de Arusha, al norte de Tanzania, la educación y la sanidad son una realidad al alcance de la población local, gracias al trabajo de voluntarias como Marta y María. En junio de 2015, María se subió a un avión con otros dos compañeros de la universidad rumbo a Arusha para participar en un campamento de verano. Tanzania le cambió la vida y ya nada volvió a ser como antes. Regresó a Madrid para terminar sus estudios, pero Arusha nunca salió de su cabeza.

Lo mismo le ocurrió a su compañera, Marta o Martinha, como le gusta que la llamen, tras convalidar unas prácticas el verano anterior y regresar con María a Tanzania en 2015. Unidas por una misma causa, pusieron en marcha el proyecto “Chagua Maisha”, junto a otros 33 estudiantes universitarios y en colaboración con la ONG Progress for Africa Spain. Esta iniciativa, que significa “elige vida” en swahili, ha sido el proyecto ganador de los IV Premios al Voluntariado Universitario que concede la Fundación Mutua Madrileña. Estas dos estudiantes de Relaciones Internacionales trabajan junto al creador de la ONG en Tanzania y el resto de compañeros para sacar adelante este proyecto de cooperación, que ha 
permitido la construcción de un edificio-escuela en este enclave africano donde la población carece de los suministros más elementales. Bakari o
 el “jefe”, como le llaman los voluntarios, a sus 29 años trata de devolver a la comunidad las oportunidades que él tuvo cuando era pequeño. El edificio tiene un doble uso, como colegio de preprimaria proporciona educación a más de 50 niñas y niños de entre tres y siete años de edad, y como espacio público con un pequeño negocio o Duka, para proveer de bienes básicos a la comunidad.

Desde principios de 2017, niños y niñas como Noeli, Rania y Saidi acuden a clase diariamente. Por las mañanas y por las tardes participan en actividades extraescolares, de recreo o deportivas. Debido a la carencia de plazas en las escasas escuelas del barrio y a la falta de recursos económicos de sus familias, no tendrían acceso a la educación. Noeli, de cinco años, es un niño muy especial que fue rechazado en las demás escuelas de la zona por sus dificultades para hablar y su escasa movilidad. Hoy por hoy, se ha integrado perfectamente en el colegio con la ayuda de sus compañeros y ha mejorado notablemente su lenguaje y su  capacidad de movimiento. Este verano, “gracias al premio otorgado por la Fundación Mutua Madrileña, tenemos previsto la construcción de un parque infantil, una cocina y un espacio público para Chagua Maisha”, nos cuenta Marta. Actualmente Marta, como coordinadora y responsable del proyecto, continúa en Tanzania junto a otros voluntarios, y María estudia un Máster en Cooperación Internacional al Desarrollo en Madrid, y ya cuenta los días para que llegue el mes de julio y poder regresar a “su colegio”, “a su ciudad” y al que, en definitiva, ya se ha convertido en segundo hogar.

 

 

“El premio se ha invertido en la educación de los niños”

La ONG Amics de Mumbai y Commited Communities Development Trust colaboran mano a mano en dos orfanatos de Mumbai (India). Proporcionan atención sanitaria y nutricional, soporte psicológico y educación a niños afectados por el virus del VIH o que están en riesgo de exclusión social. Su proyecto fue finalista en los III Premios al Voluntariado Universitario. Hemos hablado con su representante, Sandra Tous, para conocer más en profundidad los detalles de una iniciativa tan comprometida.

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 ¿Cómo decide un joven universitario involucrarse en un voluntariado de este tipo?

Buscaba colaborar con alguna entidad, sin saber muy bien sobre qué ni dónde. Mi objetivo era salir de mi burbuja y aprender de nuevas experiencias. Mientras me informaba, encontré este proyecto en la India y me encantó su filosofía y forma de trabajar, así que decidí unirme y, una vez dentro, me fascinó.

¿Cuáles son los principales problemas que os encontráis?

Colaborar con una organización de otro país es ya un hándicap en sí mismo, principalmente por cuestiones culturales y de comunicación. A veces es difícil llevar a cabo ciertas actividades por esos motivos, pero con paciencia y comprensión siempre lo acabamos solucionando. Otra de las dificultades son los recursos y materiales que se utilizan, porque son mínimos, muy básicos. Por suerte, es una ONG grande y existe cierto margen de maniobra, con lo que a menudo se resuelven estas carencias.

¿Existen algunos miedos entres los voluntarios por el hecho de tratar con personas con VIH?

En absoluto, porque los voluntarios veteranos informan muy cuidadosamente y de manera previa a los nuevos, con lo que todo el mundo es consciente desde el primer momento. No existe ningún peligro real, simplemente hay que ser prudentes y cautelosos. Nada más. En cuanto se produce algún percance (un niño se hace alguna herida, etc.), enseguida se toman medidas para curarle de forma adecuada. Se trabaja para ayudar a quien lo necesita, como en cualquier otro proyecto.

¿Cómo os ha beneficiado el premio recibido?

El dinero se ha enviado a la ONG y se ha invertido en costear los estudios de los niños. La ONG pone mucho empeño en la educación y formación de los pequeños. Apuesta por ellos y, de hecho, les da la oportunidad de estudiar en la Universidad si tienen la motivación y capacidad para ello. Desde la ONG Commited Communities Development Trust se insiste mucho en este sentido, con lo que el premio se ha convertido en el regalo perfecto para muchos niños.

¿Algunas palabras para animar a los voluntarios a presentarse a la nueva edición?

Que no lo duden y que participen. Deben intentarlo porque la ayuda económica a la que optan es muy importante y contribuye a que el proyecto que presentan pueda tener continuidad. Las entidades sin ánimo de lucro suelen tener ciertas dificultades de financiación, con lo que premios de este tipo son una oportunidad que no hay que perder. Además, supone una motivación para seguir con la labor social que realizan.

‘Plantabosques’, devolviendo la vida tras las cenizas

Normalmente, cuando uno piensa en el voluntariado, imagina una labor social: personas ayudando a personas, en cualquiera de sus variantes. Sin embargo, existen otros programas de voluntariado igual de valiosos, como los medioambientales. El proyecto ‘Plantabosques’ se centra en reforestar montes arrasados por los incendios, así como aquellos espacios que precisen, por su degradación, la intervención humana para recuperarlos. Francisco Parras es el universitario que representa a los voluntarios de este proyecto, finalista en la pasada edición de los Premios al Voluntariado Universitario de la Fundación Mutua Madrileña.

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¿Por qué te llamó la atención este voluntariado en concreto?

Por cuestiones familiares y de amistades, desde siempre he estado ligado al mundo de la naturaleza y he tenido relación con ADENEX (Asociación para la Defensa de la Naturaleza y los Recursos de Extremadura). Por eso, durante toda mi vida, he tenido conciencia medioambiental y conozco la importancia de cuidar el entorno. Eso ha sido clave a la hora de decidirme por este tipo de voluntariado.

¿Cuál es el perfil de voluntario ambiental?

Es muy variado. Hay voluntarios de todas las edades. En nuestro caso en concreto, participan muchas personas de 50 ó 60 años, pero es cierto que cada vez son más los jóvenes que se animan. Solamente hay que tener ganas, motivación y creer en lo que se está haciendo. Además, al ser un programa que se realiza los fines de semana, se adapta a cualquier otro tipo de actividad, por lo que lo puede hacer gente que trabaja entre semana.

¿Cuál es la tarea más difícil de vuestra labor?

Tenemos la suerte de contar con ADENEX, que nos ayuda en todo y nos facilita muchas tareas y trámites. En cuanto a nuestro proyecto concretamente, lo más complicado se centra en la organización y coordinación de las personas, porque son muchas las que se animan a participar. Hay que tenerlo organizado al milímetro y conseguir que toda la ayuda sea eficaz. En cuanto a la labor en sí, no es complicada; cualquiera puede colaborar con nosotros y se pueden asignar tareas muy variadas.

¿Además de la reforestación, lleváis a cabo otras tareas?

Sí, claro. No sólo nos basamos en la reforestación. Hacemos un seguimiento de todo lo que plantamos el año anterior, colocamos tubos a los árboles para protegerlos del viento y otras intempestades que podrían perjudicar el crecimiento, quitamos malas hierbas… Además, cuidamos de las plantas que ya hay para que puedan seguir creciendo.

¿Cómo ha ayudado este premio a vuestro proyecto?

Por supuesto, nos ha dado notoriedad y cierta publicidad, lo cual nos ha venido muy bien. La cuantía del premio la hemos invertido en renovar el material con el que trabajamos, que la verdad, estaba bastante obsoleto. También hemos aprovechado para, por fin, hacer un vídeo corporativo nuevo, que es el que enseñamos a los nuevos voluntarios para explicarles qué hacemos.

¿Cómo animarías a los voluntarios universitarios para que se presenten a esta nueva edición de los Premios?

Hay todavía mucho por hacer. Muchas labores sociales, medioambientales… en las que se puede mejorar. Hay que tener iniciativas y crear proyectos, demostrar el compromiso de los jóvenes. Todo lo que se hace merece la pena. Si luego tiene un reconocimiento como el de estos premios, aún mejor, pero lo importante es la labor social. Gracias a estos premios se consigue difundir proyectos que se desconocen.

‘Malala’ vela por la infancia de los hijos de las reclusas

SALIDA FIN DE SEMANAVivir en la cárcel es una experiencia traumática. Luis González conoce a muchas mujeres y niños que padecen uno de los castigos más severos que puede sufrir un ser humano: la privación de la libertad. Luis colabora con la ONG AMPARA  (Asociación madrileña para la ayuda del recluso abandonado), en el proyecto ‘Malala’, que consiguió el premio como finalista en la pasada edición de los .

Socialmente, el tratar con reclusos, a priori, produce cierto rechazo porque puede parecer peligroso. Por tanto, ¿qué anima a un joven a colaborar en un centro penitenciario? “En mi colegio era obligatorio el voluntariado en 1º de bachillerato. Vi este proyecto, me informé y me pareció que tenía un gran potencial –relata Luis–  Empecé con 17 años, y me ha gustado tanto y siento que hay tanto que aportar que aún sigo involucrado después de nueve años. Fuimos alrededor de doce compañeros los que nos animamos a participar en esta iniciativa y todos lo vimos como una gran oportunidad”.

Después de tantos años, es inevitable preguntar a Luis sobre cuál es la situación de las reclusas con las que colaboran. “La mayoría están internas por delitos de tráfico de drogas. Tienen una falta de madurez, que es precisamente lo que las trae aquí. Es una carencia que trasladan a los niños y lo debemos evitar. Por eso, trabajamos en un doble sentido: cuidar la infancia de los niños y formar y reeducar a las madres. Si no hacemos esta tarea con ellas, todo el trabajo con los hijos se pierde. La parte positiva de este doble esfuerzo es que el trabajo que hacemos con las madres se multiplica por diez cuando ellas mismas lo transmiten a sus hijos”.

¿Qué actividades hacéis con los niños?

Todos los días salen al aire libre. Se realizan actividades sencillas y comunes, como ir al parque o a la piscina, pero que para ellos no son tan habituales como para el resto. Algo tan simple como tocar la barba de un adulto les parece sorprendente porque, desafortunadamente, hay pocos chicos voluntarios y la figura masculina les resulta llamativa. Así que, por ejemplo, hay que hacer un esfuerzo para que estén en contacto con personas de sexo masculino. Con las madres, realizamos actividades en paralelo, como talleres de cocina o manualidades. En conjunto sólo hacemos el campamento de verano, que es algo que las madres aprecian y valoran mucho más que los críos, porque recuperan esa sensación de libertad y esperanza; se les nota mucho más alegres.

Con respecto al premio recibido, ¿cómo os ayuda en vuestro proyecto?

Es fundamental para llevar a cabo las actividades. Especialmente el campamento de verano necesita un soporte económico y este premio es un respaldo importantísimo para poder llevarlo a cabo. Muchas actividades requieren financiación, y premios como estos son esenciales para apoyar las labores de voluntariado.

¿Animarías a los universitarios a presentarse a esta nueva edición?

Por supuesto. Y ya no sólo a presentarse, sino a que se hagan voluntarios. Es parte de la formación como persona, porque te saca de tu burbuja y te ayuda a involucrarte con proyectos sociales, así como a comprometerte con causas que son necesarias y que necesitan colaboración. A los voluntarios, les diría que no lo duden: que se presenten, porque si creen en su proyecto, sólo tienen que mantener la ilusión y presentarlo como mejor puedan, porque cualquier vía de financiación es buena y hay que optar a todas las oportunidades. Si uno cree, siempre llega la recompensa.

El mundo cambia. ¿Y tú? ¡Hazte voluntari@!

 

volunEs cierto que el calendario está repleto de días de todo y para todo. Algunos incluso reciben críticas por su escasa relevancia social. En cambio, hay otros que deberían marcarse con rotuladores fosforitos. Y uno de esos es el día 5 de diciembre: el Día Internacional de los Voluntarios (DIV). Decretado por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 17 de diciembre de 1985, este día es la ocasión para que el trabajo de las ONG, fundaciones y cualquier entidad sin ánimo de lucro en la que participen voluntarios se haga visible. Para 2015, el lema es “El mundo cambia. ¿Y tú? ¡Hazte voluntari@!”, un mensaje directo y que invita al compromiso.

Desde la Fundación Mutua Madrileña, queremos contribuir a que esta labor sea reconocida y por ello impulsamos iniciativas a lo largo de todo el año. Pero el 5 de diciembre en concreto, queremos agradecer y felicitar a todos los voluntarios del mundo por su compromiso con la sociedad. Gracias a vuestras aportaciones, el mundo es un lugar un poco mejor y una razón de peso por la que sentirse orgulloso del ser humano, especialmente en estos días, en los que estamos rodeados de tanta barbarie.

Desde nuestra Fundación queremos felicitar de manera aún más especial a todos aquellos que se animaron a participar en la III edición de los Premios al Voluntariado Universitario. En total recibimos 103 candidaturas de proyectos en los que los jóvenes alzaban su voz y demostraban su solidaridad con los más desfavorecidos y con causas que no tienen otro apoyo. Sin lugar a dudas, su esfuerzo es un motivo de orgullo por el que les felicitamos todos los días, pero con mucha más razón el 5 de diciembre. Su día.

Sobresaliente en voluntariado

III Estudio sobre Voluntariado Universitario

El III Estudio sobre Voluntariado Universitario impulsado por la Fundación Mutua Madrileña, los jóvenes universitarios representan casi un tercio del total de voluntarios de las ONG y cada vez son más los estudiantes que colaboran en proyectos solidarios. De hecho, el 75% de las universidades españolas aumentó sus actividades de voluntariado durante el pasado curso escolar, lo que pone de manifiesto el mayor compromiso de las universidades y de los estudiantes con os colectivos más desfavorecidos.

El estudio también dibuja el perfil de los universitarios voluntarios: jóvenes, fundamentalmente de las ramas de Ciencias Sociales y de la Salud, en su mayoría mujeres y con una preocupación creciente por la solidaridad. El 63% de las universidades cuenta con más de 100 estudiantes que colaboran en algún tipo de voluntariado y la duración media de los proyectos comprende prácticamente la totalidad del curso escolar. Respecto a los proyectos emprendidos, destacan los enfocados a la población infantil, las personas con discapacidad y los colectivos en riesgo de exclusión social.

La Universidad de Málaga, la de Barcelona y la de Santiago de Compostela componen el palmarés de los centros que cuentan con mayor número de estudiantes voluntarios implicados en tareas de voluntariado (entre las tres universidades ascienden a 6.792 alumnos). Por su parte, las universidades más activas en materia de acción social repiten un año más como las más solidarias y son la Universidad de Gerona, la de Santiago y la Universidad de Málaga.

Las propias ONG reconocen que el valor de la solidaridad está presente entre los universitarios, pero señalan que estarían más implicados si las propias organizaciones hicieran más accesible la información a los estudiantes sobre cómo colaborar  o si contaran con más complicidad de las universidades para facilitar la colaboración a través del reconocimiento de créditos.

En la Fundación Mutua Madrileña también creemos en ese compromiso universitario con la solidaridad. Por eso, para darle visibilidad y estimular el espíritu solidario de los jóvenes, hemos puesto en marcha los III Premios al Voluntariado Universitario, dotados con un total de 35.000 euros. El plazo para la presentación de candidaturas finaliza el próximo 30 de octubre a las 14:00 horas.

Concurso de fotografía solidaria

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Hay fotos  que te hacen reír, otras que te hacen llorar, otras que te conmueven o que producen indignación… La imagen tiene el gran poder de generar emociones y sensaciones, de remover conciencias y de promover reacciones para liderar cambios sociales.

En la Fundación Mutua Madrileña queremos aprovechar la fuerza de la imagen para fomentar la solidaridad y transmitir el poder de las buenas acciones a través de la fotografía. Buscamos que tu cámara enfoque y retrate alguna acción de voluntariado desarrollada por jóvenes universitarios.

Para participar en este concurso, solo debes publicar una foto en tu perfil de Twitter con el hashtag #concursosoyvoluntario y enlazar a la web de los premios al voluntariado universitario www.premiosvoluntariado.com. El concurso se desarrollará a lo largo del mes de octubre de 2015 y podrán participar en él estudiantes universitarios (para recibir el premio se deberá acreditar la condición de universitario). El ganador recibirá como premio un iPad Mini.

Estamos seguros de que en tu día a día estás rodeado de buenas acciones que transmiten valores solidarios o que estás orgullos@ de mostrar al mundo cuánto disfrutas con el voluntariado que realizas. Pues bien, esas son el tipo de imágenes que queremos que compartas en la red. Escenas que merecen ser difundidas para generar una corriente de solidaridad y para gritar al mundo que los jóvenes somos solidarios.

Consulta aquí las Bases Consurso fotográfico y ahora… ¡Encuadra, enfoca y dispara!

Consejos para captar las mejores fotografías

concurso fotgráfico mutuaEsta edición hemos introducido como requisito en las bases de los III Premios al Voluntariado Universitario que se adjunten 3 ó 4 fotografías del proyecto que vais a presentar a los premios. De este modo, el jurado podrá hacerse una mejor idea de vuestra iniciativa, al tiempo que nos serán de mucha utilidad para dar a conocer vuestra candidatura en este blog y en otras plataformas.

No os pedimos que sean fotos profesionales ni mucho menos, pero sí deben reunir algunas características técnicas y estéticas que harán que vuestras fotos sean mucho más atractivas.
Aunque parece obvio, no está de más decir que las imágenes que nos enviéis deben reflejar la acción de voluntariado que desarrolláis. Aquí, la frase de “una imagen vale más que mil palabras” cobra todo el significado, así que contadnos vuestra labor a través de estas fotos y enseñadnos a los protagonistas del voluntariado.

Las fotografías que presentéis también deben ser técnicamente buenas. No os inquietéis, no pedimos que las fotos vayan firmadas por un fotógrafo profesional ni mucho menos. Tampoco es necesario que contéis con el mejor equipo fotográfico, hoy en día cualquiera que tenga un teléfono móvil de última generación puede ser un buen fotógrafo sin necesidad de una cámara profesional. Sólo tenéis que seguir algunos de los consejos que os damos, buscar el mejor encuadre y ¡disparar!

– Las fotos deben tener una resolución mínima de 300 ppp y máximo 1MG.

La imagen no debe estar pixelada, ni movida ni desenfocada, éstas suelen tener baja calidad y lucen granuladas y poco claras. No trates de ampliar la fotografía si tiene baja resolución porque acabará pixelada.

Las imágenes en horizontal suelen hacer que ganemos estabilidad y amplían nuestro campo de visión.

Hay que evitar los contrastes de luz, debemos huir tanto de las imágenes subexpuestas (aquellas que son demasiado oscuras) como de las sobreexpuestas (demasiado brillante y con exceso de luz).