Un tándem perfecto

 

 

 

 

 

 

El 29,7% del total de los menores en España se encuentra en riesgo de pobreza. Son datos que ha facilitado esta misma semana el Gobierno a través de una respuesta parlamentaria. Si bien, más allá de estas cifras, encontramos historias reales de niños y jóvenes que viven en condiciones desfavorables y que ven limitado su acceso a oportunidades educativas, laborales, sanitarias y a servicios sociales de toda índole, y que, en algunos casos, son sujetos potenciales de agresiones físicas y psicológicas. Una limitación de oportunidades que compromete directamente el éxito escolar, que se manifiesta en dificultades de aprendizaje, absentismo y que acaba finalmente con el abandono escolar.

Una de las intervenciones que contribuyen a paliar esa situación son los espacios de socialización y apoyo, así como el acompañamiento escolar, algo que conocen muy de cerca voluntarios universitarios como Sandra, Paula, Natalia, Lola o Gyanu. Todos ellos forman parte de “EnTàndem -Mentoring social para niños/as y jóvenes”, un proyecto de mentoría social y educación integral de niños y jóvenes en exclusión social y/o dificultades, diseñado para atenuar las desigualdades educativas y sociales y luchar contra el fracaso escolar. Esta iniciativa, promovida por jóvenes voluntarios universitarios en colaboración con AFEV Cataluña, ha merecido uno de los galardones de la IV edición de los Premios al Voluntariado Universitario de la Fundación Mutua Madrileña. AFEV lleva nueve años trabajando con el proyecto EnTàndem en Barcelona, Badalona, ​​Barberà del Vallés y Santa Coloma. Durante estos años, un total de 656 voluntarios universitarios han participado en el proyecto como mentores.

Aunque nada tienen que ver el uno con el otro, Sandra y Dani forman un tándem perfecto. Sandra es estudiante universitaria y Dani es un adolescente en riesgo de exclusión social. Un día por semana comparten dos horas de su tiempo, que ha servido para forjar una bonita amistad que muy probablemente se extenderá más allá del voluntariado. “Sandra es muy buena persona, es como una hermana mayor. Confío plenamente en ella porque me enseña a valorar las cosas importantes de la vida, a centrarme y a ser mejor persona” apunta Dani.  Sandra, por su parte, asegura que tuvo una adolescencia muy difícil y que habría muchas cosas que le gustaría cambiar ahora desde la distancia y la madurez. “La adolescencia es un momento muy difícil, donde ciertos comportamientos y actitudes pueden determinar el rumbo de nuestras vidas. Yo también atravesé momentos delicados durante esta etapa, así que no dudé en participar en este voluntariado con adolescentes y niños que necesitan quién les escuche, y les de cariño y comprensión. Yo ayudo a Dani, pero él también me ayuda a mí, lo cual es muy gratificante”.

Durante el último curso, junto a Sandra, otros universitarios como Paula, Lola, Natalia o Gyanum han tenido ocasión de compartir historias, anécdotas, sueños, ilusiones y preocupaciones con niños y adolescentes como Zhen, Arthur o Gisela. Todos ellos se muestran plenamente satisfechos de haber estrechado durante este tiempo lazos de unión con sus tándem, así como de haber contribuido a mejorar las perspectivas de vida de sus mentorados. Tal y como constatan los servicios sociales, el 92% de los niños/as y adolescentes participantes en el proyecto han experimentado mejoras en el ámbito personal, en la adquisición de relaciones sociales y de relación y en sus hábitos de estudio. Y los voluntarios, por su parte, han adquirido importantes competencias  como la escucha activa, la concienciación social, el compromiso, la gestión de conflictos, la responsabilidad, la asertividad, la implicación y la empatía.

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