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Quien tiene un abuelo, tiene un tesoro

Nos vieron crecer, nos cuidaron, nos consintieron y, aunque ya no estén, todavía les sentimos cerca. Quién ha tenido la suerte de conocer a sus abuelos sabe muy bien de lo que hablamos. Hoy, 26 de julio, se conmemora el Día de los Abuelos, una efeméride promovida en España por la Fundación Mensajeros de la Paz.

En esta jornada dedicada a los mayores, desde la Fundación Mutua Madrileña queremos rendirles un simbólico homenaje como agradecimiento a la entregada labor que desempeñan. Son una fuente inagotable de vivencias y experiencias, a la vez que sostienen la estructura familiar, favorecen la conciliación laboral y familiar y cuidan con dedicación y entrega de los más pequeños de la casa.

Es indiscutible que ejercen un papel primordial en muchos hogares españoles, pero también son un colectivo muy vulnerable, especialmente en la última etapa de sus vidas. Si todavía tenéis la suerte de tenerles cerca disfrutad cada momento junto a ellos y si no, no olvidéis que la soledad, la tristeza, el aislamiento y el abandono son los grandes problemas que afectan a la tercera edad. Por suerte, cada vez surgen más iniciativas protagonizadas por jóvenes voluntarios que dedican parte de su tiempo libre a cuidar y acompañar a las personas mayores. Aquí tenéis algunos ejemplos de los proyectos de voluntariado que participaron en la V edición de los Premios al Voluntariado Universitario que tienen como beneficiarios a este colectivo:

El proyecto Adopta un abuelo” (ganador de los V Premios al Voluntariado Universitario), nació en la Navidad de 2013 cuando Alberto Cabanes visitaba a su abuelo en una residencia de Ciudad Real. Este joven, que por aquel entonces tenía solo 25 años, decidió “adoptar” a un amigo de su abuelo, cuyo mayor anhelo era tener un nieto. Adopta un abuelo se constituyó como fundación y, a día de hoy, está presente en 20 ciudades de toda España y 31 centros residenciales. Más de 400 voluntarios de diferentes universidades españolas forman parte de este programa intergeneracional, en el que pueden participar jóvenes de entre 16 y 30 años.

-Combatir la soledad de las personas mayores con daños cognitivos es también el objetivo del proyecto “Cerca de nuestros mayores”. Esta iniciativa creada en 2011 e impulsada por la Fundación Ramón Rey Ardid junto a estudiantes de la Universidad de Zaragoza, la Universidad de San Jorge y la Universidad Internacional de Valencia, combate la soledad de los mayores y orienta a los familiares para que puedan afrontar mejor el proceso degenerativo de la enfermedad.

-Impulsado por estudiantes de varias universidades valencianas en colaboración con la Fundación Iniciativa Social, “Despierta Sonrisas atiende a tres colectivos desfavorecidos –mayores en residencias, menores en riesgo de exclusión y personas sin hogar-. Los beneficiaros reciben de manos de los voluntarios “mochilas de sonrisas” llenas de aquello que necesiten. En el caso de los ancianos, material para el aseo y la higiene personal. Esta iniciativa fue uno de los proyectos distinguidos en la IV edición de los Premios al Voluntariado Universitario.

El proyecto “Mano a mano: mayores que cambian el mundo, promovido por la Asociación DYAR (Descubrir y aprender Rincón) y la Universidad de Málaga, trata de potenciar la cohesión social en el municipio malagueños de El Rincón de la Victoria paliando la soledad de los mayores, aumentando la implicación juvenil y potenciando el comercio local.

-“Unidos florece la creatividades una iniciativa impulsada por la Fundación Oxiria en colaboración con estudiantes de la Universidad San Pablo CEU que promueve la integración de personas con discapacidad intelectual con otros colectivos de la sociedad. A través de talleres creativos con motivos florales, los alumnos de la Fundación Oxiria ejercen de profesores de los ancianos de la Residencia de la Tercera Edad de Orpea-Carabanchel con la ayuda de los tutores y de jóvenes voluntarios universitarios.

Despierta sonrisas: una declaración de intenciones

La sonrisa es un lenguaje universal, el lenguaje del alma que no entiende de razas, ni de ideologías ni de estratos sociales. Blanca, estudiante de farmacia y nutrición, acude una vez por semana al Colegio de Educación Infantil y Primaria Ausiàs March del Barrio de Nazaret, en Valencia, para “despertar sonrisas” y llevar un poquito de alegría a los alumnos de este centro para menores en riesgo de exclusión.  A María, cada martes, la reciben también con una gran sonrisa más de veinte niños de entre tres y cinco años que corretean por el patio y que se lanzan emocionados a sus piernas nada más verla. “Son capaces de quitarme el aliento con sus energías y de contagiarme su magia y sus ganas de vivir. Tan frágiles pero tan fuertes, cada uno tiene una historia que contar y muchas de ellas, la mayoría, historias que impactan”, cuenta María.

“No siempre podemos elegir la música que la vida nos pone, pero podemos elegir como la bailamos”. Con esa frase se quedó Gema el día que acudió como voluntaria al centro Rehoboth  para personas sin hogar y conoció a un joven de 22 años que se enfrenta a una vida llena de las incertidumbres que conlleva no tener un techo donde cobijarse cada noche. “Ese día decidí que quería seguir su ejemplo y animar a que todos lo sigan, porque si aprendemos a bailar la música que la vida nos regala, siempre podremos ser felices, estemos en la situación que estemos”, añade.

Blanca, María y Gema y otro medio centenar de estudiantes universitarios valencianos decidieron aportar su granito de arena a la sociedad y pensaron que la mejor manera de ayudar era dedicando parte de su tiempo a los colectivos más desfavorecidos. Todos ellos dan vida al proyecto “Despierta sonrisas” que ha sido distinguido en la IV edición de los Premios al Voluntariado Universitario de la Fundación Mutua Madrileña y que trata de devolver esperanza a los más vulnerables: menores en riesgo de exclusión social (atención en centros escolares de tipología CAES), personas sin hogar (asistencia alimentaria y de acompañamiento en centros específicos) y personas mayores (residencias).

Con el apoyo de la Fundación Iniciativa Social, los voluntarios universitarios atienden y ofrecen apoyo a estos tres colectivos socialmente sensibles, con el fin de aportarles un poco de felicidad. Los beneficiaros reciben de manos de los voluntarios “mochilas de sonrisas” llenas de aquello que necesiten. Por ejemplo, de material escolar, en el caso de los niños, o de productos para el aseo y la higiene personal, en el caso de ancianos y las personas sin hogar.

 

Este premio ha llenado de ilusión a sus promotores y les ha ayudado a seguir entregando mochilas de sonrisas.