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Voluntariado intergeneracional, lo que se intercambia cuando se cruzan edades

24 de marzo de 2026

El voluntariado intergeneracional parte de una idea sencilla: poner en contacto a personas que, en su vida cotidiana, difícilmente coincidirían. Jóvenes y mayores que comparten tiempo, actividades o incluso vivienda y que, en ese encuentro, descubren que la relación no va solo de acompañar, sino también de intercambiar.

El voluntariado intergeneracional se ha consolidado como una de las formas más completas de participación social, precisamente porque pone en diálogo dos etapas de la vida que, lejos de oponerse, tienen mucho que aportarse.

Uno de los ejemplos más conocidos es la Fundación Adopta un Abuelo, un programa que ganó los Premios al Voluntariado Universitario en su quinta edición, que conecta a jóvenes con personas mayores que viven en residencias. A través de visitas presenciales, los voluntarios ofrecen tiempo, conversación y compañía. Pero lo interesante no es solo el acompañamiento en sí, sino lo que ocurre durante esas visitas. Las conversaciones derivan en historias de vida, recuerdos y aprendizajes que no aparecen en ningún libro. Para muchos jóvenes, es su primer contacto cercano con la vejez; para las personas mayores, una oportunidad de seguir formando parte activa de la sociedad.

En la misma línea transcurre el proyecto Contigo Avec Toi, en el que participan más de 60 alumnos de la Universidad CEU San Pablo y la Universidad de Alcalá de Henares, junto a la Fundación Senara. Se trata de un programa de acompañamiento a personas mayores en situación de soledad en residencias y centros de día de la Comunidad de Madrid, en el que los mayores aportan a diario una lección de vida y resiliencia a los más jóvenes.

A estos modelos de acompañamiento se suma otro tipo de iniciativa que va un paso más allá: la convivencia. Es el caso del programa Convive, impulsado por la ONG Solidarios para el Desarrollo. Desde hace años, este proyecto conecta a personas mayores que viven solas con estudiantes universitarios que necesitan alojamiento durante el curso académico. Las personas mayores ofrecen una habitación y los jóvenes aportan compañía y apoyo en el día a día. Sin embargo, el verdadero valor del programa no está en ese intercambio práctico, sino en la relación que se construye. La convivencia genera vínculos y una cercanía que transforma la experiencia de ambos.

Un aprendizaje en ambas direcciones

El voluntariado intergeneracional rompe con la idea de que el aprendizaje va en una sola dirección. En muchos casos, son las personas mayores quienes enseñan.

Programas como Sinergia Generacional, impulsado por la Asociación AFAGA, muestran bien este equilibrio. En ellos, los mayores transmiten conocimientos vinculados a oficios, memoria o formas de vida, mientras que los jóvenes aportan competencias digitales o nuevas formas de comunicación.

En línea con este proyecto, encontramos Talento Intergeneracional, impulsado por la Xunta de Galicia, que busca conectar la experiencia de las personas mayores con la iniciativa de los jóvenes para desarrollar proyectos vinculados al territorio. En esta iniciativa, los mayores aportan conocimiento sobre el entorno, mientas los jóvenes contribuyen con ideas, formación y nuevas herramientas que contribuyen a mejorar las condiciones de vida y el apoyo social.

El auge del voluntariado intergeneracional responde a un cambio de mirada. Frente a modelos que separan etapas vitales, estas iniciativas apuestan por mezclarlas. Y en ese encuentro, todos tienen algo que dar y algo que recibir.

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