La falta de hogar no es un fenómeno nuevo, pero sí es un fenómeno que va en aumento. El sinhogarismo ha crecido de manera exponencial durante los últimos años fruto de varios factores como la desigualdad económica, el desempleo, el precio de la vivienda o la inmigración. Hoy, 10 de octubre, se conmemora el Día Mundial de las Personas sin Hogar, una fecha para tomar conciencia de esta situación y avanzar en la búsqueda de soluciones. El voluntariado, aunque no es una solución, sí es una ayuda.
El sinhogarismo es una realidad que afecta unas 895.000 personas en Europa, unas 28.500 en España, según los últimos datos que recoge un informe de la Federación Europea de Organizaciones Nacionales que Trabajan con las Personas sin Hogar (FEANTSA) y la Fondation Abbé Pierre. Sin embargo, el sinhogarismo va más allá de no tener un techo bajo el que dormir. Implica vivir en condiciones de vulnerabilidad extrema, sin acceso regular a servicios básicos como la higiene, la alimentación y la asistencia sanitaria. Además, las personas sin hogar suelen estar expuestas a vejaciones y violencia, a problemas de salud física y mental y a la marginación social.
A través de su labor en los albergues o centros de acogida, comedores sociales, programas de empleo y asistencia psicológica, los voluntarios han demostrado ser clave en la lucha contra el sinhogarismo, ya que muchas entidades sociales dependen de su ayuda para ofrecer una asistencia directa, eficaz e inmediata.
Te contamos algunas iniciativas en las que colaboran por si te quieres sumar a la causa.
Apoyo en comedores sociales
Brindar un plato de comida caliente y una alimentación completa, al menos, una vez al día, es el objetivo de los comedores sociales en cuyas mesas se sientan a comer cada día tanto personas sin hogar como personas con escasos recursos económicos.
Como voluntario podrás ayudar en la preparación de la comida o bien en la distribución o en la recogida de la misma, como lo hacen los voluntarios de la Comunidad de Sant’Egidio que proporcionan soporte alimentario a personas sin hogar, mayores y familias sin recursos a través de un comedor social.
Asistencia en centros de acogida
Estos espacios ofrecen a las personas sin hogar un lugar seguro para pasar la noche. Aunque más allá de cubrir necesidades básicas, estos centros proporcionan un ambiente donde las personas pueden sentirse acompañadas y escuchadas.
Es lo que pretenden los voluntarios de la asociación Nadie Solo. En colaboración con la Red Municipal de Atención a Personas Sin Hogar de la ciudad de Madrid realizan un programa dirigido a las personas que acuden a dos de los centros de la Red Municipal: San Isidro y Puerta Abierta. Los voluntarios, además de proporcionar compañía y afecto, acompañan a los usuarios a visitas médicas, les ayudan en la gestión de documentos e imparten talleres de alfabetización y empleabilidad.
Programas de reintegración social y laboral
Algunas entidades como la Asociación Social Boanoite ofrecen programas que van más allá de la asistencia inmediata más básica, ayudando a las personas sin hogar a reintegrarse en la sociedad. A través de talleres de habilidades laborales, asesoría para la búsqueda de empleo y apoyo psicológico, los voluntarios proporcionan herramientas para que estas personas puedan reconstruir su vida.
Viviendas compartidas
Iniciativas como la que lleva a cabo la Fundación Hogares Lázaro, que priorizan la vivienda estable como primer paso para la integración en la sociedad de las personas sin hogar, dependen en gran parte de la participación voluntaria. El proyecto proporciona un hogar compartido con voluntarios de la asociación, la mayoría estudiantes universitarios, de los que aprenden no solo las tareas domésticas sino lo más importante, lecciones de vida.
Reparto de alimentos y acompañamiento en la calle
Muchas de las personas sin hogar optan por rehusar algunos de los servicios anteriores y optan por la calle como modo de vida. Y aquí también los voluntarios juegan un papel esencial. Ejemplo de ello es el programa Rutas de calle, de la Asociación Bokatas, premiado durante la pasada edición de los Premios al Voluntariado Universitario. A través de este proyecto, los voluntarios reparten bocadillos entre quienes viven en la calle y les proporcionan, a su vez, un rato de acompañamiento y afecto.
Si estudias en la universidad y colaboras como voluntario en alguna iniciativa dirigida al colectivo de los sintecho, tienes la opción de participar hasta el próximo 31 de octubre en los XII Premios al Voluntariado Universitario. La Fundación Mutua Madrileña distribuirá 50.000 euros entre los ocho proyectos que resulten ganadores. ¡Participa!
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