Hoy se celebra el Día Internacional de la Educación, una jornada para celebrar un derecho fundamental que impulsa el progreso y la equidad en el mundo. En este día especial, queremos destacar la importancia de los proyectos de voluntariado que dedican sus esfuerzos a fortalecer el acceso y la calidad educativa y a construir sociedades más prósperas.
La educación es la llave para abrir la puerta al progreso, sin embargo, a pesar de que la educación es un derecho fundamental recogido en la Convención sobre los Derechos del Niño, en el mundo aún hay 250 millones de menores sin escolarizar, según datos facilitados por la UNESCO. Casi un tercio de estos menores se concentra en África Subsahariana, de hecho, uno de cada cinco niños africanos no asiste a la escuela y solo la mitad cursa estudios de secundaria.
El voluntariado ejerce un papel clave en muchos países en vías de desarrollo donde la población infantil no puede acceder a la educación o no puede continuar su formación más allá del primer ciclo de educación primaria.
En el Día Internacional de la Educación, que se celebra hoy, repasamos algunos proyectos de voluntariado que han participado en la XI edición de los Premios al Voluntariado Universitario de la Fundación Mutua Madrileña que desempeñan un papel fundamental en la construcción de puentes hacia el aprendizaje.
Mejorar la calidad de la enseñanza en un poblado rural de Kenia a través de la ampliación de la escuela es el objetivo de Elimu Kwa Wote, un proyecto de voluntariado desarrollado por Children of Africa en el que colaboran alumnos de las Universidades de Navarra y Zaragoza, junto a otros centros extranjeros. Gracias a esta iniciativa, se busca reducir la ratio de alumnos por aula para facilitar el aprendizaje entre los menores y evitar el abandono escolar prematuro.
La educación como motor del cambio es un proyecto impulsado por la ONG Tsehay y alumnos de varias universidades madrileñas. A través de esta iniciativa, los voluntarios tratan de garantizar que las niñas de zonas rurales de Etiopía puedan tener acceso a la educación a través de la concesión de becas para que puedan seguir estudiando.
Si ya es difícil que la población infantil de África siente las bases educativas durante sus primeros años de vida, que acceda al ciclo de secundaria es ya toda una odisea, sobre todo para los niños que viven en zonas inhóspitas donde escasean las infraestructuras de todo tipo.
De garantizar el acceso a esa educación es de lo que se encargan proyectos como Cerrando el Círculo, impulsado por jóvenes universitarios de ASU ONG, donde están ayudando a construir un colegio de secundaria en Ndava (Burundi) para que los niños puedan seguir estudiando. Los voluntarios se encargan de las labores de ampliación de la escuela, así como de equiparla con todos los servicios básicos que aseguren su correcto funcionamiento.
El 34% de la población ugandesa no tiene acceso a educación, pero mucho menor es el porcentaje de aquellos que son capaces de terminar la educación secundaria. Según van creciendo, los niños se convierten en mano de obra para las familias, ayudando a generar ingresos y colaborando en las tareas del hogar, por lo que las tasas de abandono escolar en secundaria son muy elevadas. Y con ellas, las posibilidades de salir del círculo de pobreza en el que se encuentran.
Proyectos como el que lleva a cabo la entidad Babies Uganda a través de la iniciativa de Construcción de un colegio de secundaria, persiguen este objetivo.
Pero no solo África sufre carencias educativas, países de Sudamérica o Asia también adolecen de recursos e infraestructuras que garanticen un adecuado nivel de enseñanza. Proyectos como Sonríe y Crece, impulsado por la entidad con el mismo nombre y desarrollado en la República Dominicana, proporciona labores de apoyo educativo a menores vulnerables y familias sin recursos de zonas rurales.
El Proyecto Guatemala, realizado por jóvenes de diversas universidades madrileñas junto a la Asociación Pili Sancho, presta atención educativa a menores de familias pobres de Guatemala. Además de ofrecerles apoyo en materia de formación, los jóvenes -que se trasladan al país durante el mes de julio-, brindan, además, atención médica y alimenticia a comunidades guatemaltecas que se encuentran en condiciones de pobreza extrema.
Gracias a la ayuda de los voluntarios, muchos menores tienen la opción de poder seguir escribiendo su futuro.
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