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Voluntarios que hacen del juego una prioridad

11 de junio de 2025

Hay infancias que crecen entre rejas, infancias sin parques, sin juguetes, sin vacaciones ni planes improvisados. Infancias marcadas por la ausencia de lo más básico cuando eres un niño: el juego. Frente a esa realidad, hay jóvenes que, a través del voluntariado, devuelven a estos menores la posibilidad de imaginar, correr, ensuciarse, compartir, reír. Jugar.

El juego es una necesidad, una herramienta de desarrollo emocional, social y cognitivo, y, además, un derecho reconocido por la Convención sobre los Derechos del Niño de Naciones Unidas. Hoy, 11 de junio, celebramos el Día Internacional del Juego recordando su papel esencial en la infancia y reconociendo el papel de los voluntarios que promueven el juego en los entornos más complejos.

Es lo que hacen los voluntarios del proyecto 101 Parques, impulsado por la ONG Balloona Matata, en colaboración con estudiantes de la Universidad Politècnica de Catalunya, la Universidad Politècnica de València y la Escuela Universitaria de Diseño e Ingeniería de Barcelona.

El objetivo de esta iniciativa es construir parques infantiles en áreas rurales de países en desarrollo, utilizando materiales reciclados y de fácil montaje. Estas zonas de juego se instalan en comunidades frecuentadas por menores en situación de vulnerabilidad, donde no existen espacios lúdicos, ya sea por la falta de recursos económicos o porque el juego no se considera una necesidad básica en la infancia.

Hay otros niños que no conocen más que los patios de una prisión. En el centro penitenciario de Aranjuez, menores de entre 0 y 3 años viven con sus madres privadas de libertad. Allí interviene el proyecto Malala, de la Asociación Madrileña Para Ayuda del Recluso Abandonado (AMPARA), que, junto a alumnas de varias universidades madrileñas, organiza actividades lúdicas, salidas al exterior y talleres para que estos pequeños disfruten y se diviertan. Además, dos veces al año se celebran campamentos a los que acuden madres e hijos, en un entorno que les permite convivir lejos de los muros.

Con un enfoque similar trabaja el proyecto Recuperando infancias. Niños que viven en la cárcel, de la Fundación Padre Garralda Horizontes Abiertos. Las voluntarias universitarias acompañan a estos menores durante actividades de ocio dentro del centro penitenciario, y también en salidas trimestrales y campamentos de verano. En estas convivencias participan las madres con permiso penitenciario, sus hijos pequeños y los hermanos mayores que ya no viven con ellas.

Fuera del ámbito penitenciario, pero también en situaciones de gran vulnerabilidad, se desarrolla el proyecto Actividades de ocio con menores tutelados, de la Fundación Soñar Despierto. Va dirigido a niños y niñas que viven en centros de acogida y que, sin el apoyo del voluntariado, quedarían excluidos de muchas experiencias lúdicas. Los voluntarios organizan planes de fin de semana, salidas al cine, talleres, campamentos de verano o fiestas navideñas. También participan en tareas más cotidianas, como acompañarlos al parque y jugar con ellos después del colegio.

Todos estos proyectos comparten una misma convicción: que el juego no es un privilegio, sino una prioridad.

Si eres estudiante universitario y participas en iniciativas de este tipo, comparte tu experiencia y participa en los Premios al Voluntariado Universitario hasta el 31 de octubre. Quién sabe si el poder de jugar te da también el poder de ganar.

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