No todo el mundo puede dedicar unas horas a hacer un voluntariado, pero casi todos los jóvenes tienen algo al alcance de la mano: un teléfono móvil. Compartir una campaña, participar en un reto o dar visibilidad a una causa puede ser un buen empujón para que una organización consiga voluntarios, financiación o que un problema deje de ser invisible.
Hace apenas dos décadas, las organizaciones sociales dependían casi exclusivamente de los medios de comunicación para dar a conocer su labor. Conseguir un espacio en televisión, una entrevista en la radio o una página en un periódico podía significar que miles de personas descubrieran una causa y decidieran colaborar. Hoy ese altavoz sigue siendo fundamental, pero ya no es el único.
Las redes sociales han cambiado las reglas del juego. Un vídeo en TikTok, un reto en Instagram o una publicación compartida miles de veces en X o LinkedIn pueden lograr que una enfermedad poco conocida, una emergencia humanitaria o un proyecto solidario llegue a millones de personas en cuestión de horas.
Para muchas ONG, esa visibilidad es fundamental, ya que antes de conseguir voluntarios, recaudar fondos o impulsar cambios sociales, hay un paso imprescindible y es que la sociedad conozca el problema.
Mucho más que un like
Cuando una campaña se hace viral, no solo aumenta el número de personas que la conocen, también crecen las posibilidades de captar nuevos voluntarios, recibir donaciones, atraer empresas colaboradoras o incluso conseguir que las administraciones públicas presten atención a una determinada realidad.
Por eso, muchas organizaciones diseñan acciones pensadas específicamente para que cualquier persona pueda participar y compartirlas en sus redes sociales. Uno de los mejores ejemplos es la campaña Mójate por la Esclerosis Múltiple, que cada verano invita a la ciudadanía a apoyar a las personas que conviven con esta enfermedad.
La iniciativa moviliza a miles de voluntarios en playas y piscinas de todo el país para recaudar fondos destinados a la atención de las personas con esclerosis múltiple y a la investigación. Este año, además, la campaña ha reforzado su presencia en redes sociales animando a compartir el gesto de "mojarse" por la causa, multiplicando así su alcance más allá de los lugares donde se celebra.
Otro reto que dio mucho que hablar en su día fue el Ice Bucket Challenge, que invitaba a tirarse un cubo de hielo por encima con el objetivo principal de recaudar fondos y concienciar sobre la esclerosis lateral amiotrófica (ELA). La viralidad de la campaña alcanzó tal popularidad que llegó a involucrar a cientos de celebridades y deportistas como Cristiano Ronaldo, Lionel Messi, Shakira, Lady Gaga, Justin Bieber o Taylor Swift, entre muchos otros, haciendo que la campaña diera la vuelta al mundo.
Otro ejemplo es #GivingTuesdayEspaña, un movimiento internacional que cada año reúne a ONG, universidades, empresas y ciudadanos en torno a una misma idea: dedicar un día a la solidaridad.
Durante esa jornada, miles de publicaciones comparten proyectos sociales utilizando un mismo hashtag. Algunas personas donan dinero, otras ofrecen tiempo como voluntarias, muchas simplemente ayudan a difundir iniciativas que, sin esa conversación colectiva en redes, difícilmente alcanzarían tanta repercusión. La fuerza de la campaña reside precisamente en esa suma de pequeños gestos individuales que terminan construyendo un gran movimiento colectivo.
En ocasiones, la viralidad termina convirtiéndose en participación real. Sucede cada año con campañas como La Gran Recogida de los Bancos de Alimentos, cuya difusión en redes sociales multiplica el número de personas que deciden hacerse voluntarias durante unos días o realizar una donación en los supermercados participantes.
Hoy, el algoritmo también puede convertirse en un aliado de la solidaridad. No sustituye al voluntariado presencial, pero puede ser el primer paso para que miles de personas descubran una causa, decidan colaborar o se animen a hacerse voluntarias.
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