Mientras muchos estudiantes aprovechan las vacaciones para recorrer el mundo, otros eligen pasar unas semanas en pequeños pueblos donde cada nuevo vecino supone un revulsivo para el municipio. Restaurar patrimonio cultural o arquitectónico, acompañar a personas mayores o dinamizar la vida comunitaria son algunas de las formas de contribuir a que estas poblaciones recuperen la vida, al menos, durante el verano.
Cada vez más jóvenes deciden dedicar parte de su tiempo libre a colaborar en proyectos de voluntariado que se desarrollan en pequeños municipios afectados por la despoblación. Son aldeas donde apenas quedan unos cientos de habitantes, la mayoría personas mayores, y donde la llegada de un grupo de jóvenes supone mucho más que una ayuda puntual. Su colaboración devuelve la vida a las calles y a los propios vecinos.
Porque revitalizar un pueblo no consiste únicamente en rehabilitar un edificio o mejorar un espacio público, también significa llenar de conversación la plaza, escuchar las historias de quienes llevan toda una vida allí, compartir conocimientos y construir vínculos que, aunque duren solo unas semanas, permanecen mucho tiempo en la memoria de quienes participan.
Uno de los proyectos que mejor refleja ese espíritu es Abracadabra, la magia vuelve a nuestros pueblos, galardonado en la XIII edición de los Premios al Voluntariado Universitario.
La iniciativa lleva espectáculos de magia y actividades de animación a municipios rurales de toda España con el objetivo de combatir la soledad de las personas mayores. Para ello, estudiantes universitarios reciben formación y acompañamiento de magos profesionales de la Fundación Abracadabra antes de desplazarse a residencias y centros sociales donde desarrollan las actividades. Durante unos días, la magia hace su trabajo y se convierte en una excusa para provocar un acercamiento intergeneracional que llena de alegría y de ilusión a todos los participantes.
En muchas localidades pequeñas, iglesias, ermitas o edificios históricos forman parte de la memoria colectiva. Su deterioro supone una pérdida arquitectónica y un riesgo para la identidad del propio municipio.
Con esa idea nace Patrimonio que da vida, un proyecto en el que colaboran varios alumnos de la Universidad San Pablo CEU que trabajan en la conservación y restauración del patrimonio cultural y religioso en pequeños pueblos de Asturias afectados por la despoblación.
Los jóvenes colaboran en tareas de recuperación de estos espacios, pero el verdadero valor del proyecto está en la convivencia diaria con los vecinos. Mientras trabajan, escuchan historias sobre el pueblo, conocen sus tradiciones, descubren cómo era la vida décadas atrás y comprenden los retos a los que se enfrentan quienes han decidido permanecer allí.
Otro ejemplo en la misma línea es el que lleva a cabo la asociación Rotarac Burgos con la ayuda de tres voluntarias universitarias. Juntos colaboran en el proyecto Salvemos el órgano barroco de Busto de Bureba, cuyo objetivo es rehabilitar el órgano barroco de la iglesia de esta pequeña localidad burgalesa para reforzar su atractivo cultural y contribuir a dinamizar la vida del municipio.
Mucho más que unas vacaciones solidarias
Quienes participan en este tipo de iniciativas suelen descubrir una realidad muy distinta a la que imaginaban. Llegan pensando que van a ayudar y terminan aprendiendo de quienes viven allí. Aprenden cómo funciona la vida en una pequeña aldea, conocen oficios y tradiciones antiguas -casi extintas-, descubren otras formas de entender el tiempo y comprueban el valor que tienen los vecinos cuando los recursos son limitados.
Este verano, mientras muchos destinos turísticos vuelven a llenarse de una avalancha de visitantes, cientos de pueblos esperan personas dispuestas a compartir tiempo, escuchar, colaborar y formar parte, aunque solo sea durante unos días, de una comunidad que sigue luchando por mantener viva su historia.
Si colaboras en alguna iniciativa de voluntariado enfocada a revitalizar la vida de la España vaciada, revisa las Bases de los Premios al Voluntariado Universitario impulsados por la Fundación Mutua Madrileña y, si cumples con los requisitos, presenta tu candidatura antes del 30 de octubre. La Fundación Mutua Madrileña premiará ocho proyectos entre los que distribuirá 50.000 euros para el impulso y/o desarrollo de las iniciativas galardonadas
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