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Cinco razones por las que septiembre puede ser el mejor mes para empezar un voluntariado

04 de septiembre de 2026

Septiembre tiene algo de segundo año nuevo. Para unos significa regresar a las clases; para otros, comenzar la universidad, mudarse a una nueva ciudad o aprender a vivir lejos de casa por primera vez. Sea cual sea el punto de partida, septiembre abre una nueva etapa y, con ella, la posibilidad de descubrir personas, lugares y experiencias que pueden cambiar el rumbo de todo un curso.

Una de estas experiencias, cada vez más presente en el ámbito universitario, es hacer un voluntariado y septiembre es una época ideal para empezar. Tanto si ya estás convencido, como si lo estás pensando, te damos cinco buenas razones para que des el paso.

  1. Es una de las mejores formas de conocer gente nueva

Comenzar la universidad o mudarse a otra ciudad puede ser emocionante pero, al menos en los inicios, un poco solitario. Muchos estudiantes llegan en septiembre sin conocer a nadie. Otros dejan atrás a sus amigos de siempre para empezar una nueva etapa lejos de casa. Especialmente para quien se sienta identificado con esta situación, el voluntariado ofrece algo más que una actividad solidaria y puede ayudar a ampliar el círculo social.

Compartir un proyecto con personas que tienen inquietudes similares facilita que surjan conversaciones y vínculos que van mucho más allá de las horas dedicadas a colaborar. A diferencia de otros espacios, aquí las relaciones nacen de un objetivo común: ayudar a los demás.

2. No todo el aprendizaje ocurre en un aula

El voluntariado permite dedicar parte de tu tiempo a mejorar la vida de otras personas, pero también es una oportunidad para aprender y poner en práctica tus conocimientos. Muchos alumnos eligen un voluntariado vinculado a sus estudios, lo que permite adquirir práctica sin tener que esperar a cursos más avanzados.

  1. Descubres habilidades que te servirán toda la vida

Hablar en público, resolver problemas, coordinar actividades, escuchar, comprender, desarrollar la inteligencia emocional, trabajar con personas muy diferentes o aprender a gestionar situaciones imprevistas son competencias que difícilmente se aprenden solo estudiando.

Las empresas valoran cada vez más este tipo de habilidades, conocidas como soft skills, porque son esenciales en cualquier profesión y porque son las que diferencian a una persona de una máquina.  Pero más allá del currículum, el voluntariado ayuda a ganar confianza, autonomía y capacidad para desenvolverse en entornos muy diversos.

  1. Hay opciones para todos los intereses y horarios

Uno de los grandes mitos es pensar que hacer voluntariado exige dedicar muchísimo tiempo, pero no es así. Existen programas de unas pocas horas a la semana, actividades puntuales de fin de semana, proyectos culturales, deportivos, educativos, medioambientales, sociales o incluso iniciativas internacionales para quienes quieren vivir una experiencia en otro país.

Lo importante no es encontrar mucho tiempo libre, sino encontrar un proyecto que encaje contigo y con tus intereses. Cuando algo te engancha, el compromiso llega sin ningún esfuerzo.

  1. Porque ayudar también transforma a quien ayuda

Quienes hacen voluntariado suelen coincidir en una idea: empiezan pensando que van a aportar algo y terminan descubriendo que quienes más reciben son ellos, es algo así como un boomerang de ida y vuelta.

El voluntariado aumenta la felicidad y el bienestar general. La acción de ayudar a los demás contribuye a activar la liberación de dopamina y oxitocina en el cerebro. Además, ayuda a reducir el estrés, combatir la depresión y fortalecer la autoestima al conectar a las personas con un propósito solidario compartido.

Guía para empezar un voluntariado

Si nunca has hecho voluntariado, empezar es más sencillo de lo que parece.

1.Busca una causa que te motive. Piensa qué temas te interesan más: infancia, medio ambiente, personas mayores, salud, inclusión social, animales, cultura o cooperación internacional.

2. Investiga las entidades de tu ciudad o universidad. Muchas universidades cuentan con oficinas de voluntariado y casi todas las ciudades tienen ONG que buscan personas para colaborar durante el curso.

3. Pregunta sin compromiso. Contacta con la organización, explica tu disponibilidad y resuelve todas las dudas antes de decidirte. Las entidades están acostumbradas a recibir personas que empiezan desde cero.

4. Empieza poco a poco. No hace falta comprometerse con muchas horas. Es mejor comenzar con una dedicación que puedas mantener que asumir más de lo que realmente puedes ofrecer.

5. Disfruta de la experiencia. El voluntariado no consiste en ser un héroe ni en cambiar el mundo en un día. Consiste en poner tus capacidades al servicio de los demás y descubrir que pequeños gestos, repetidos en el tiempo, pueden tener un gran impacto.

Y cuando des el primer paso, queremos conocerlo y, porqué no, premiarlo. Presenta tu candidatura a los Premios al Voluntariado Universitario antes del 30 de octubre y consigue hasta 15.000 euros para impulsar tu proyecto.

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