Agosto es el mes vacacional por excelencia. La época en la que muchos aprovechan para viajar, ya sea a la playa, a la montaña o a otras ciudades para conocer su patrimonio cultural. Hoy nos fijamos en el voluntariado cultural, ese que reivindica la participación altruista en el fomento de la cultura, como el apoyo a museos, la difusión del patrimonio, la organización de eventos culturales o la participación en proyectos artísticos. Si este verano participas en alguna actividad cultural, puede que te topes con alguna persona voluntaria cuyo fin sea acercar y democratizar la cultura.
Es muy probable que, si este verano asistes a una actividad cultural, te encuentres con personas voluntarias que, desde la discreción, trabajan para acercar el arte y la historia a públicos diversos. Su labor, muchas veces invisible, resulta fundamental para que la cultura llegue a más personas y se mantenga viva.
Impulsado por entidades públicas, museos, fundaciones o asociaciones sin ánimo de lucro, el voluntariado cultural permite a los voluntarios implicarse activamente en la difusión y conservación del patrimonio cultural y artístico, al tiempo que favorece el acceso a la cultura de colectivos que, de otro modo, quedarían al margen.
Son muchos los ejemplos de iniciativas que ponen en valor esta forma de voluntariado. Es el caso de Patrimonio que da vida, un proyecto promovido por alumnos de la Universidad CEU San Pablo y participante en la última edición de los Premios al Voluntariado Universitario. Su objetivo es conservar y restaurar el patrimonio cultural y religioso en zonas rurales de Asturias, bajo la coordinación de profesionales especializados. Una forma de aprender haciendo, mientras se contribuye a preservar la historia local.
Otro ejemplo destacado es el proyecto Salvemos el órgano barroco de Busto de Bureba, impulsado por Rotaract Burgos, también reconocido en los citados premios. La iniciativa busca rehabilitar el órgano barroco de la iglesia del municipio burgalés, no solo para recuperar un elemento artístico de gran valor, sino también para reactivar la vida cultural local y luchar contra la despoblación en el entorno rural de Castilla y León.
La implicación del voluntariado cultural también se extiende a grandes instituciones. El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, a través de su programa EducaThyssen, cuenta con un equipo de personas voluntarias que ayudan a acercar el arte a todo tipo de públicos adultos. Estas personas reciben formación específica y participan en visitas guiadas que fomentan el diálogo y la reflexión personal ante las obras. Los recorridos están adaptados para mayores de 65 años y personas con diversidad funcional, con el objetivo de garantizar una experiencia participativa, accesible y significativa para todos.
El voluntariado cultural es, en definitiva, una forma de compromiso con el arte, la memoria y la sociedad. Y en verano, cuando los días invitan a salir, también puede ser una oportunidad para hacer que la cultura siga siendo un bien compartido.
Si participas en algún proyecto de voluntariado de índole cultural, queremos conocerlo. Tienes de plazo hasta el 31 de octubre para presentar tu candidatura a los Premios al Voluntariado Universitario. La Fundación Mutua Madrileña premiará con 50.000 euros a los ocho proyectos que resulten ganadores: 15.000 euros para el primer premio y siete accésits de 5.000 euros.
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