Café, cacao, azúcar, té, ropa o artesanía. Muchos de los productos que forman parte de la vida cotidiana recorren miles de kilómetros antes de llegar a las tiendas y, detrás de ellos, hay millones de personas que trabajan en condiciones muy diferentes según el modelo de producción. El comercio justo nació, precisamente, para plantear una forma de consumo que pone el foco en las condiciones laborales, la sostenibilidad y la remuneración digna de los productores.
Cada segundo sábado de mayo se celebra el Día Mundial del Comercio Justo, una fecha impulsada por organizaciones sociales y entidades internacionales para visibilizar un modelo económico basado en unas relaciones comerciales más equitativas.
El objetivo del comercio justo es garantizar que las personas productoras, muchas de ellas en países de América Latina, África o Asia, reciban un pago adecuado por su trabajo y desarrollen su actividad en condiciones dignas. Esto implica salarios justos, ausencia de explotación laboral infantil, igualdad entre hombres y mujeres y respeto por el medio ambiente.
En muchos casos, el comercio justo trabaja directamente con pequeñas cooperativas y productores locales que difícilmente podrían competir en igualdad de condiciones dentro del mercado convencional. La Coordinadora Estatal de Comercio Justo, una de las principales plataformas españolas en este ámbito, recuerda que este sistema también apuesta por formas de producción más sostenibles y transparentes, así como por un consumo más consciente.
Por eso, las organizaciones que trabajan en la promoción del comercio justo insisten en que el objetivo no es únicamente vender productos. Una parte importante de su trabajo tiene que ver con la sensibilización y la educación.
Explicar cómo funcionan las cadenas de producción, qué consecuencias tiene el consumo masivo o por qué determinadas prácticas perjudican a pequeños productores forma parte de las campañas que impulsan numerosas ONG y entidades sociales. Y es precisamente ahí donde aparece también el voluntariado.
Muchas organizaciones vinculadas al comercio justo cuentan con personas voluntarias que colaboran en actividades de sensibilización, mercadillos solidarios, talleres o campañas informativas, especialmente coincidiendo con el Día Mundial del Comercio Justo.
En algunos casos, los voluntarios participan en la organización de ferias y eventos abiertos al público; en otros, ayudan en tiendas solidarias o en actividades educativas dirigidas a centros escolares y universidades.
La red de tiendas de Oxfam Intermón, por ejemplo, cuenta con personas voluntarias que colaboran tanto en la atención al público como en acciones de sensibilización relacionadas con el consumo responsable y el comercio justo. También organizaciones como la Federación SETEM impulsan campañas y actividades donde el voluntariado adquiere un papel importante.
Una forma diferente de implicarse
Colaborar en iniciativas relacionadas con el comercio justo permite entender mejor cómo funcionan las dinámicas globales de producción y consumo y cómo pequeñas decisiones cotidianas pueden tener impacto en otros lugares del mundo.
Por eso, este tipo de voluntariado suele atraer especialmente a personas interesadas en temas como la sostenibilidad, el consumo responsable o la cooperación internacional. Además, muchas de las actividades son puntuales y compatibles con la vida académica, algo que facilita la participación de estudiantes universitarios.
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